Una ciudad creativa es aquella que mantiene tres vasos comunicantes permanentemente activados: memoria, pacto y futuro. Con la memoria se construye el primer pilar del sentido de comunidad. Con la cultura del pacto se construye el segundo pilar fundamental de comunidad: el que garantiza el sentido de pertenencia y asegura ciudadanos con derechos pero también con responsabilidades. Con el proyecto de futuro se construye el tercer pilar de comunidad: el que permite sentirse perteneciente a un lugar que trabaja para garantizarse su futuro y para dar oportunidades a quienes allí viven y trabajan y también a las generaciones venideras. El que permite descifrar el sentido de la economía del conocimiento, de la creatividad y la innovación. Quienes administren bien memoria, pacto y futuro serán ciudades creativas. En el contexto de las ciudades creativas las industrias culturales son un elemento determinante. La relación entre ciudad e industria cultural se refiere a los empresarios, emprendedores, creadores, públicos y, indirectamente, a las administradores públicas. Se refiere a las estrategias públicas para desarrollarlas. Supone observar experiencias como el barcelonés barrio 22@ y el Zona Franca 2010, que pretende reconvertir un viejo espacio público industrial dedicado a las viejas industrias en un lugar centrado en las nuevas industrias del audiovisual, el cine y lo digital. Supone potenciar la cooperación entre las iniciativas empresariales y las iniciativas públicas. Supone articular relaciones más eficientes entre las ciudades y las industrias culturales. Supondría entender por qué razón a las empresas les resulta tan difícil el trabajo de lobby. A efectos de esta intervención llamaré industrias (específicamente) creativas a todas aquellas cuya primera materia prima sea lo creativo y por extensión lo simbólico.
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